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1 de agosto de 2010

YA QUIERO DECIR ADIÓS

Ya no veo los rayos del sol aunque salgan,
porque en mi corazón resplandecen truenos y rayos.
Ya no creo que en las palabras llenas de vida,
porque son las más traicioneras y las más indignas.
Ya no creo en que el exista la verdadera ayuda,
ahogada en el pozo en que me encuentro,
un pozo oscuro y extremadamente hondo.
Ya no creo en las palabras bonitas, en las promesas;
ya nada hay que pueda en mí encender un luz.
Ya sólo soy como una vela consumiéndose,
que se daña para que el dolor calme su cruz.
Ya jamás veré la mejoría que tanto añoré,
porque la edad ha hecho mella,
y los años no perdonan.
Ya jamás podré ser una persona normal,
ya jamás conseguiré sentirme mínimamente bien,
ya jamás nada puede tener sentido en un cerrado mundo.
Ahora ya sólo me queda hacerme mucho daño,
esperar con gran esmero la sigilosa muerte,
y no temerla cuando la tenga delante,
y tener la valentía esta vez de alcanzarla.
Aquí, en la vida, nada pierdo ni nada gano;
soy como un muñeco de trapo sin sentimientos.
Ahora ya no espero objetivos ni tan siquiera cortos,
el daño me hace mal, es lo que más me calma.
Tan sólo el escozor y el dolor son los que me calman,
porque la rabia de estar aquí me pone mala.
Hablar es malo, demasiado malo.
Confiar es odioso, mas no conociendo a nadie.
Mi mundo es un mundo aislado, solitario.
En él nada tengo que me conmueva,
en él nada tengo que me distraiga.
Tan sólo el inmenso y gran deseo,
de que la silenciosa muerte me acompañe.

Autora: Rosa Mª

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