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30 de noviembre de 2010

UNA REFLEXIÓN DE MADRUGADA

No dejo de vivir, estoy de nuevo despierta una madrugada más.
He atisvado que me encuentro más tranquila sin haberme propuesto grandes metas.
Quizás me autoexigía mucho a mí misma, no sé, tal vez.

Ahora sólo deseo vivir cada instante de este segundo, dejar una buena huella.
Ahora, me gusta transmitir alegría, que falta hace, en un tiempo en que hay mucha tristeza.
Simplemente, ahora, estoy en paz conmigo misma. Me tengo que aceptar como soy, no como yo quiero o quisiera ser. El futúro me abruma, y lo he dejado. El pasado, de nada ya sirve. Vivo mirando al frente, si no con alegría, sí con aceptación.

Quiero de hacer este día, un hermoso día, un día acogedor. Y esto sólo depende de mí.
Nadie puede vivir este día mas que yo. Soy yo quien decido, quien amo u odio. Soy yo quien decide el día dejar pasar, o aprovecharlo cada segundo, que en cuanto deje de pasar... de mi historia formará ya parte.

Ahora, ya no deseo exigirme tanto, sino dejar pasar esas metas que daño de hacen. Quizás, desde fuera sean buenas, no lo dudo, como ser más sociable, estar más entre la gente. Pero también la soledad tiene su encanto. Para poder ser sociable, preciso conocer y aceptarme como soy, dado que , contrariamente a lo que pueda pensarse, los demás, la gente de mi entorno, de mi alrededor, me aceptan como soy; eso es, objetividad. A pesar de que me sienta la más torpe, la más inútil, la más imbécil... . El camino está en aceptarme yo. Ahora estoy con esa meta, no deseo otra.

A lo mejor, estoy equivocada, es posible, como siempre he hecho: equivocarme. Pero cierto es que estoy obteniendo una paz interior y una alegría grande.

No importa el tiempo que me cueste ser sociable, ni servible, ni útil; ahora, estoy aceptándome a mí misma, tal cual soy. Y eso creo que, aunque angustioso, es un gran paso.

Lo importante, es que me he despertado, estoy viva, y puedo escribir y expresar. Ni tan siquiera sé cómo me irá el día, pues me siento incapaz de todo, pero intento hacer, en cada momento, en cada instante, con grandes esfuerzos, sacar de mí lo mejor.

Mi corazón no está vacío, en él reside el amor. Porque en él guardo todo aquello que me hace crecer y caminar, que me hace desear a todos cuantos me rodean y me quieren disfrutar de este inmenso día, con su día y su noche; también me hace temblar por el caos en que se encuentra esta vida, sí; pero por la cual, un alma solitaria, nada puede hacer cambiar tan gran problema y cambiar la violencia y las guerras por la paz, el hambre por la saciedad, y la pobreza por la igualdad.

Autora: Rosa Mª

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