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9 de diciembre de 2011

AGRADECIMIENTO





Yo, deseo agradecer desde lo más profundo de mi alma, a todos y cada uno de los que me habéis contestado. No, no tengo palabras, no las suficientes para tanta generosidad, tanta sinceridad, tanto cariño, tanta comprensión... No tengo mas que lágrimas, muchas sí, porque yo misma no me encuentro, ya no sé quién soy.
Estoy sí, existo, pero desde la sinceridad que me caracteriza, no soy capaz de contestar a cada uno de vosotros, no puedo, me siento pequeña, débil, extraña, ... a tanta generosidad, hermandad, cariño...
Quisiera tener esa fe en Dios de la que muchos me habláis; pero queridos amigos, no tengo fe. No tengo esperanza. ¿Cómo se adquiere?. Ni idea. ¿Creyendo?. ¿Creyendo qué?.
Para los que me aconsejáis que no deje la medicación, sepáis que vuestras palabras, no caen en saco roto. He vuelto a llamar al psiquiatra, he vuelto a la medicación. No, no confío en ellas, no hay pastilla para la fuerza, para la confianza, para las ganas de vivir... no. No hay terapias. No hay... remedio.
Respecto a mi trabajo, y con muchísimo más que esfuerzo, todavía no lo he dejado, pero lo pienso.

Perdonad que no os escriba individualmente, mi debilidad, mi inutilidad, mi ignorancia, mi falta de palabras en estos momentos, son extremadamente grandes.
Intento eso sí, contestaos a través de vuestros blogs, pues vuestros escritos son grandiosos, valen la pena, sois... todos, todas... GRANDES .

Continúo llorando, mis lágrimas fluyen, no puedo parar. Un día nuevo despierta, un nuevo día que soportar.
Me siento....¡tan inútil, tan pequeña ante todos!, que es inagotable la fuerza gastada para poder sobrellevar el día.
A los que me habéis proporcionado el correo, de verdad, de corazón, me habéis llegado al alma.
Sé que vuestra oferta es sincera, que vuestro corazón es de oro, pero no voy a molestar jamás a nadie más.
No debiera estar ya aquí,  no soy digna de nada, no merezco nada.

A los que creéis en Dios, a los que tenéis esa fe y que podéis refugiaros en Él, ¡FELICIDADES!. Tenéis una mina de oro. No sabéis cuánto os admiro.

Y, aunque mi vida no tenga ningún sentido, aunque sólo exista, que no viva, aunque nada vea porque todo es oscuro, aunque no confío en mí misma,.... GRACIAS POR ESTAR A MI LADO, GRACIAS POR VUESTRA SINCERIDAD, CARIÑO, AFECTO Y COMPRENSIÓN.

Aunque, lo que he escrito sí es autobiográfico, no es crítica, no es algo inspirado, sino algo verdadero;
aunque no tengo suficientes palabras, para deciros lo mucho que valéis, cuan grandes soís;
aunque esté en el borde del abismo, a punto de tirarme porque me acerca la desesperación,
aunque sea tan súmamente ínfima a vuestro lado, por lo insignificante de mi ser;
aunque no tengo ya fuerzas para seguir escribiendo, para seguir cansando,
aunque todo sea un vacío sin sentido, porque nada para mí tiene ya razón y todo sea amargo,
no voy a cansar ya a nadie, ya lo he hecho suficiente y tan sólo os pido y deseo mucho PERDÓN.

Besos. Rosa.

6 de diciembre de 2011

Depresión, psiquiatría y psicología: ¡vaya incongruencia!



Ya no pienso en escribir. Mi mente está opaca, mi corazón vacío y mis sueños rotos.
Llevo más de treinta años intentando dejar tras de mí algo llamado depresión crónica.
Jamás, lo que se dice jamás, me ha ilusionado nada. Mi único mecanismo de defensa ha sido escribir que, como bien puede comprobarse, no vale nada. Nada yo valgo, De nada sirvo.
¿Qué es la depresión?. No sé definirla ni creo en ninguna de ellas. Tan sólo sé que quien desee ayudarte SINCERAMENTE ha de haber pasado por ella o por lo menos, saber realmente qué es lo que conlleva.
A los 14 años ya tuve mi primer intento de suicido, la vida no me gustaba, la odiaba, la detestaba. Pero como siempre, incluso en la actualidad, mi cobardía, mi falta de valentía hacen que todavía me despierte y exista que no viva.
He pasado por infinitud de psiquiatras, no uno ni dos, hablo de muchos. Me han dado todo tipo de medicacamentos, de drogas, que lo único que han hecho es atontarme más de lo que yo soy y desear cada vez más la muerte.
Tampoco voy a dejar de lado los psicólogos, en los que sí confié desde que a mis 23 años me puse en tratamiento voluntario. Sí, confiaba, tenía esperanza, entonces sí.
Ahora, tras 23 años más, tiro la toalla. Dejo medicación, psiquiatra, terapia y todo.
DUELE EN EL ALMA confiar y ver que todo es mentira, que sí, al principio te tratan muy agradablemente, todos te quieren ayudar, todos se preocupan, pero cuando llega el problema real, cuando realmente estás tocando fondo, entonces se lavan las manos.
Sí, estoy harta, quemada, desconfiada. Ahora, ya no deseo más que este sufrimiento acabe.
No tengo causa, también es cierto, pero me martiriza el hecho de querer morirme y no poder.
Tengo un trabajo fijo, sí, soy funcionaria (¿qué alegría no?) pues yo voy a dejármelo.
Ahora, ya nadie va a aguantarme, nadie. Estoy harta de mi asquerosa vida que de nada ha servido,  y que no tengo intención por falta de ganas de cambiarla.
Además, cambiar de vida se cambia relativamente. Se puede cambiar cuando existen elementos favorables a tu lado, cuando desde el fondo de tu alma lo deseas.
Pero yo no tengo esperanza, no tengo fe, no tengo chispa. Me cuesta el despertarme (¡¡¡otro día que soportar.... horror!!!).
He querido vivir sóla, y tampoco lo he podido hacer pues mi desgana, mi dejadez, ... ha preocupado a mi familia y aquí estoy otra vez, exisitendo en casa.
No puedo afirmar o asegurar que existan buenos o malos terapeutas. A mí se cansan de decirme que no puedo quedarme sin terapia, que necesito tratamiento. Mi pregunta es para qué, si un terapeuta te pregunta para qué acudes o te pregunta una y otra vez que en qué te puede ayudar, que él ya no sabe más.
También he leído libros de autoayuda, preciososos sí, quizás prácticos, pero de nada sirven cuando lo que realmente deseo es la muerte.
Soy cobarde, inepta, inútil, inservible. No puedo seguir existiendo; sin embargo, no tengo el valor para dejar de hacerlo. No deseo sufrir más, no deseo estar muerta en vida, no deseo ya confiar en nadie, no deseo mas que todo acabe, sobre todo el daño irreparable que hacen los terapeutas cuando te dejan como deshecho, cuando ya no saben qué hacer. No duele el dinero, que pienso que para eso está, no es el dinero lo que duele. Duele enormemente CONFIAR, pensar que de verdad, alguien te toma en serio y que luego, lo único que oyes que hace es aguantarte,
Puedo prometer e incluso jurar que no le deseo esto ni a mi peor enemigo, porque no hay cura ni nada que lo justifique. No hay nada que se vea en una radiografía, o en una prueba. Simplemente es una inercia a la vida, unas ganas de dejarlo todo, una apatía sin sentido.
Ahora, más rota que nunca, pues la edad pesa, pasa y no en vano, he visto perder mi vida confiando, esperanzándome de que algún día mejoraría, que no bien del todo. Ya nada me motiva a seguir, el trabajo es una tortura a pesar que tengo un ambiente favorable.
Mi pregunta una y otra vez es para que existen los psiquiatras y los psicólogos o terapeutas si sólo desean verte cuando ya estás bien, cuando ya todo a pasado. No les vayas con problemas, no te pases de la raya, que enseguida todo acaba.
Ya sé, ya sé que los consejos es que es uno mismo quien ha de salir de esto, quien ha de tener la entereza suficiente y la fuerza suficiente para salir.
Pero ahora, puedo asegurar que sobra todo tipo de palabras, que hasta que una persona no se da cuenta qué es la desesperanza, la dejadez, la inercia, la ineptitud, la inutilidad y el ser un deshecho social, no puede entender en absoluto este tipo de problemática.
No veo ninguna luz, ningún puerto al que llegar, simplemente soy un ser viviente que deja pasar los días sin saber nada, sin ser nada, simplemente una basura, un deshecho social que única y exclusivamente necesita acabar con su vida.

Rosa Mª Villalta Ballester

3 de diciembre de 2011

SÓLAMENTE... SÓLA




 SÓLAMENTE... SÓLA

Sóla estoy ante mi soledad,
ante el daño de las palabras,
ante el pensamiento real,
ante no saber hacer ya.

Sóla estoy ante mi decisión,
la de no confiar ni en mi,
la de buscar sinfin la muerte,
y dejar de vivir y de existir.

Sóla estoy ante mi decisión,
ante un puerto sin destino,
ante un mundo sin ilusión,
ante la herida de una confianza.

Sóla estoy ante mi desilusión,
al haber confiado con amor,
al recibir tan sólo dolor,
y al dejar de creer ya en el amor.

Sóla estoy ante mi corazón,
ése herido y ya desconfiado,
ése que ya no cree en la palabra,
ésa que ya jamás saldrá de mí.

Sóla estoy ante mi herida,
idiota de mí pensando que cambiaría,
sin ningún valor, sin valentía,
ahora sólo deseando dejar la vida.

Autora: Rosa Mª Villalta Ballester