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30 de julio de 2013

LOS SAUCES





Queridos amig@s. Perdonad mi ausencia por un tiempo pero he estado dos semanas en La Palma y he vivido intensamente unos días inolvidables, días y momentos que voy a llevar en mi corazón.

Si bonita es la isla en sí, más hermosa son sus gentes, llenas de bondad, de vida, de ternura. Os aseguro que cuanto exprese es poco. He sido tan acogida y tan querida que no puedo cuanto menos hacer un escrito de estos días vividos.

En primer lugar mi agradecimiento sincero e intenso a dos personas que voy a llevar siempre en mi corazón: Zeide y Nery. Sí, Zeide que nos abrió las puertas de su casa a pesar de no conocerme de nada y Nery por hacer todo lo posible para que conociera la isla al máximo y la que me abrió también de par en par su casa.

Tanta naturaleza, tanta amabilidad, tan buena gente, os puedo asegurar que me han hecho mucha mella en mi vida; esos "buenos días", "hola", "buenas noches"... tan carentes en estas capitales repletas de contaminación y estrés. ¡Es todo tan distinto! ¡Hay una vida tan diferente! ¡VIDA!.

Sí, mi vida ha cambiado. Quizás, no haya vivido como debiera esos días, no sea o haya sido lo suficientemente agradecida; siento que hay algo dentro de mí, que se ha quedado allí, en tan solo dos semanas, que parte de mi corazón siempre van a pertenecer a esos lugares tan entrañables que me van a ser difíciles de olvidar.

¿Cómo llegué allí? Pues por mi gran amiga y admirada Ruth. No os imagináis cómo ha sido de recibida y querida después de unos años ausente en los que ella sí ha vivido allí y al pueblo de Los Sauces que no dejo de nombrar porque de allí tanta emoción y vivencia.

Jamás olvidaré las emociones y alegría mostradas a mi amiga Ruth, tan querida y valorada, los intercambios de cosas entre la gente de forma generosa y especial.

¿Se puede olvidar algo así? ¿No puede haber un antes y un después tras esta experiencia? Pues para mí sí. Yo, que sentía que la gente pasaba ya de sentimientos y ternura, que no existía lugares atractivos y belleza singular, os aseguro que esta experiencia ha cambiado mi modo de ver la vida.

Ahora ya estoy en la rutina de la capital, de sus gentes tan distantes, de la contaminación, de ruidos y de estrés.

¿Cómo olvidar el canto de los gallos en la madrugada, la salida de sol, los hermosos montes existentes en la isla y la belleza singular de tan bonita isla y de tan hermosas gentes?

Jamás, lo que se dice jamás, pasarán de mi vida estos días. Jamás olvidaré esas personas tan maravillosas y tan divinas. Y no es que no las olvidaré, sino que minuto a minuto y en cada instante, ya las añoro.

Autora: Rosa Mª Villalta Ballester.

 

3 comentarios:

Pedro Luis López Pérez (PL.LP) dijo...

Deliciosos e inolvidables momentos junto con estas cariñosas amigas y en un entorno lleno de Naturaleza y buenas vibraciones.
Abrazos y besos.

elisa lichazul dijo...

encantador escenario nos compartes en tu narrativa Rosa María
me alegro de tu estadía por esos parajes y lo mejor la compañía


abrazos

Claro de Luna dijo...

Hermosos momentos vividos con personas cariñosas y un lugar bello..gracias Rosita por hacernos partícipe de tu alegría por tan linda experiencia.
Un fuerte abrazo
Cristina