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17 de agosto de 2013

REGALAR SONRISAS




 
 
REGALAR SONRISAS

 Hoy he aprendido una lección muy importante. Algo que no se puede plasmar así como así en un papel ni expresar fácilmente con palabras.

He aprendido a que no soy una persona que tenga grandes capacidades, pero sí la voluntad de adquirir nuevas experiencias.

Que soy libre de elegir en mi vida: salir de un pozo sin fondo o caminar hacia la cura.

Que elegir es voluntario, es algo que se tiene que realizar y que tiene por tanto unas consecuencias.

Hoy he aprendido que no soy lo más importante, sino que hay personas más importantes que yo, más entregadas que yo, más voluntariosas que yo.

Que hablar es bueno si se hace con mesura pero el exceso es nocivo y aburrido.

He conocido niños con falta de riqueza material pero repletos de una inmensa riqueza de corazón.

Soy inmensamente rica por contar con personas que me ayudan a caminar y me enseñan pasos que dar.

Soy feliz por contar con personas a mi alrededor, por tener un día más de vida, por derramar lágrimas quizás en demasía, pero sobre todo por aprender que una sonrisa vale más que mil palabras.

Hasta ahora, siempre he sentido tristeza, apatía, desolación, hastío y no he dejado de reflejarlo y expresarlo; sin embargo, ¿qué aporto así a la vida?

Nada. ¡Qué pena no dejar un rastro de luz, un reflejo de alegría!

Quizás cueste sacarla, quizás, escondida se halle, pero encontrarla, sacarla hacia fuera, es algo tan bello y valioso que no tiene precio.

Me doy cuenta de mis errores y me gusta aprender de ellos. Tengo demasiados defectos, el más grave quizás el no sonreír, el estar siempre triste. ¿Motivo?. Ninguno.

No hay médico, ni psiquiatra, ni psicólogo ni terapeuta ni persona con doctorado o máster que me haya enseñado esta lección tan maravillosa como es el de regalar sonrisas. No, ni un libro ni un experto me lo han enseñado.

Me lo han enseñado dos personas especiales para mí; dos auténticas compañeras de viaje a las que he arrastrado con mi tristeza y mi derrota.

¡Me he sentido tan mal haciéndolo pasar tan mal! Que ahora lo único que deseo es eso: regalar sonrisas sin más.

No importa a quién, no importa dónde, no importa que sea de mí misma. Lo importante es regalarla.

Las sonrisas son estelas que van dejando un rastro de luz y un mensaje de cariño que no tiene precio alguno.

Regalar sonrisas es el mayor placer que se puede obtener tanto más si tras una de ellas, sientes y ves que siguen las demás.

Sonreír, es vivir, aceptar, cambiar; sonreír es dar vida a alguien a tu lado está.

Llevo casi un mes con lamentos y tristezas, con ganas de dejarlo todo, conviviendo con alguien que me proporciona paz y alegría.

Aseguro desde lo más profundo de mi alma que no hay mayor mal que ver sufrir a una persona por herirla y hundirla o arrastrarla hacia la infelicidad.

Aseguro que hoy aprendo a que regalar sonrisas es el mejor tributo que se puede demostrar a Dios, por hacer que en este día, se puedan proporcionar.

 

Autora: Rosa Mª Villalta Ballester

 

 

5 comentarios:

Dulce dijo...

Regalar sonrisas, regalar lo mejor de uno hace bien para el alma y no daña a nadie, de todo podemos aprender para ser mejores.

Besos dulces y feliz fin de semana

Julie Sopetrán dijo...

La sonrisa es siempre al mejor regalo que uno puede dar a los demás. Hermosa entrada!

shantal dijo...

La sonrisa se contagia e inunda todo de alegria,es bonito y muy sano hacerlo,pero lo mejor es que lo hayas descubierto tu.Una bella entrada Rosa Mª,besitos mil

Claro de Luna dijo...

Regalar sonrisas y sonreir por los que nos regala la vida es lo más hermoso para hacer crecer el alma .
Una muy hermosa entrada Rosa María
Abrazos
Cristina

Mavi en blanco dijo...

La sonrisa hace bien en ti, fijo.
Mavi