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13 de octubre de 2013

CUANDO GANA EL DESEO

Mi amor, gana el deseo;
tú suspiras, me sientes, me deseas:
todo mi cuerpo ardiente te desea.
Yo, miro al silencio que me entrega,
a la sensación de tener tu cuerpo cerca,
al placer, al deleite, al yacer sin tregua.
Tú, piel con piel,  me abrazas, me besas;
lejos del estrés, de la melancolía ciega.
Yo, me dejo llevar por mi pasión,
cerca de ti, ausente de toda espera:
realidad, sueños, ninguna tormenta.
Mi amor, probemos en serio;
no rechacemos lo que cuerpo a cuerpo,
piel con piel, latidos y palpitaciones,
llegan a serenarse con tus besos,
con la cercanía de tu miembro,
jugando al amor que es placentero,
sin llegar al éxtasis,  dejándolo luego;
mas no hay prisas, amor, en el encuentro;
dulces miradas, gran ternura y apego.
Mi amor, no desechemos el tiempo;
tú me siembras el calor de mis pechos,
que acaricias sensiblemente en el lecho;
yo, también, acaricio tu parte eréctil,
fuerte, con ganas de penetrar mi sexo.
Tú y yo somos libres, nadie nos detiene;
sólo quizás el placer de tenernos dentro;
tal vez la necesidad de poder entregarnos,
y saciar la sed sexual que precisamos.
Mi amor, no me dejes en este tiempo;
mas en tu boca mis senos que te hallan,
y tu miembro que acaricia mi parta baja.
Tú, cada vez más excitado como yo,
me tocas,  lames, me sientes, como yo;
encendidos e iluminados por nuestra pasión.
Yo, encadenada a esa sed que no se sacia,
que precisa de tus susurros, besos, llama,
que ante mis jadeos, mi cuerpo sana.
Tú, amor mío, disfrutas como un niño,
con mis pechos en tu boca repleta,
mas bajando ya hacia otra parte afectada.
Sí, mi amor, soy toda tuya ahora con pasión;
la misma que con ardiente deseo te lame,
para que ambos contactemos nuestro deleite,
y disfrutemos ampliamente del ardiente amor.
Sí, mi amor, soy más que objeto en tus brazos,
alguien que busca un delicado y sensible susurro,
que se entrega si alguien le proporciona arrullo,
y que desea un ser que la haga sentir con orgullo.
Mi amor, tus dulces besos que no cesen su alzada,
que nada impida que tú yo, en el lecho, nos fusionemos,
más allá de las voces y sensaciones que nos ensalzan,
más allá de la inquietud de llegar o no al final saciados.
Eso soy yo mi amor, una mujer pasional y enamorada,
tal vez de la persona equivocada, pero entregada;
mas yo deseo una persona tan apasionada y solapada,
que haga que entre los dos exista unidad extasiada.
Sí, mi amor, así somos tú y yo, pasionales y ardientes;
sin olvidarnos que tras el placer, llega la desilusión;
sin olvidar que por ello, el amor, nuestro encuentro,
no se apaga por acabar la madrugada, sino fuerte,
como la antorcha que arde sin nada detenerse,
espera nuevamente un nuevo encuentro, cuanto antes,
para volver a entregar nuestros cuerpos frágiles,
y disfrutar de nuestros ardientes deseos,
y hacer de nuestras fantasías, realidades saciables.
 Autora: Rosa Mª Villalta Ballester

 

 

 

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