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6 de octubre de 2013

NADA QUE HACER

 
¡Qué pena que el silencio se utilice para hacer mal, para no contestar cuando más palabras se necesitan, cuando mayor humanidad debiera existir!

¡Qué falsa amistad aquella que silencia vida, que detesta la verdad, que rechaza los errores y que distancia con silenciar!

¡Qué pena de aquellos que sólo desean ser buenos a través de obras que poder evidenciar, de obras para que se les diga lo buenos que son, independientemente de almas y corazones puedan con su silencio irradiar!

¡Qué detestable las personas que actúan sólo por ser elogiadas, que engañan y sin dejar rastro se van!

¡Qué triste es la vida, que falsa su humanidad, cuán pobre las personas que de cualquier error ponen su distancia y su enemistad!

¡Qué odiosa es la vida, cuando nada ya existe que sea verdad! ¡Sí, existen las flores, la naturaleza, quizás bellas, quizás verdad!

¡Qué tediosa es la maldita vida que tanta falsedad contiene en las personas que, como hurracas, saben cómo hacer mal!

No importa ya lo que piense yo, no. Importa la existencia de personas que hacen mal. Sí, me incluyo en ellas, porque nadie es perfecto y errores cumple hasta la hora de exhalar.

Pero hay males que se hacen a conciencia, a maldad, esos que desean que todo lo hacen bien, que ensalcen sus obras diciendo lo buenas personas que son.

No, ya no deseo la vida. Ya no deseo ninguna relación. No deseo interactuar con alguien para que después llore amargamente el corazón.

Es cierto que habrá personas sinceras, porque haber las hay; pero dar con ellas es buscar una aguja en un pajar.

La vida son personas, es sociedad. Yo la odio, la detesto. Ya no deseo más su amanecer.

Supongo, sólo supongo, que existirá algún motivo para vivir. También sé que para que existan personas aventajadas e inteligentes las ha de haber otras torpes o menos aventajadas.

Ya nada importa. El silencio, la soledad y la incongruencia son las que llenan la vida.

Ya nada siento. El corazón vacío, el alma rota, nada tienen ya que hacer mas esperar sólo que llegue el momento de su dejar de padecer.

 

Autora: Rosa Mª Villalta Ballester

 

1 comentario:

María dijo...

A ver Rosa:

NADIE, absolutamente NADIE, merece tu tristeza.

Tú eres la única que debe importarte, así que arriba ese ánimo.

Y no escribo más que me operaron hace poco de la mano y aún lo tengo prohibido.

Un montón de besos